Dejamos los eróticos templos de khajuraho para adentrarnos en la sagrada Varanasi, ciudad hindú por excelencia donde vida y muerte conviven al ritmo que marca el Ganges. Por desgracia, en los dos días que paseamos por sus calles no pudimos disfrutar al máximo de sus ghats y de su río, por las fuertes crecidas que traía el monzón y lo impracticable que estaba la navegación.
Resulta sorprendente y muy explicito ver cómo todo empieza y todo acaba en un río para el hinduismo. Incinerar a seres queridos con la cotidianeidad de quien se toma un chai caliente, a orillas del Ganges es llamativo y singular. Pasear por sus callejuelas de mercado también.
Dos días después y todavía embaucados por las impactantes imágenes crematorias, ya volábamos hacia la capital. El aeropuerto de Varanasi, pequeño en comparación con cualquier aeropuerto europeo, nos parecía el no va más, después de haber sufrido el pequeño aeródromo de Khajuraho… ¡La vida es cuestión de percepciones!
Delhi, nos volvió a recibir como reciben las ciudades de 13 millones de habitantes…de la forma más caótica posible. Contaminación, ruido, olores y algunos pequeños remansos de paz donde refugiarse (museos, parques, jardines) que uno no imagina que va a encontrar entre tanto desorden.
Cansados de toda la tralla del viaje, Delhi nos sirvió para descansar y reparar en los múltiples mercados de especias, té y ropa que se pueden encontrar en los puntos más emblemáticos. Lo cierto es que no somos especialmente muy seguidores de las grandes metrópolis, al menos cuando son tan ruidosas y contaminantes.
Y así pasaron los tres últimos días, sin nada que nos sorprendiera, entre rickshaws, regateos, intentos de timos, Which country and excuse me, my friend, por doquier, vacas sagradas caminando a sus anchas (si bien es cierto que en Delhi les tienen restringido el paso en las autovías y rondas de circunvalación…acabáramos!) Bueno sí, la señora que al pasar junto a una vaca en pleno proceso de micción, se rocío su frente y cabello con unas gotas de meado como si de agua bendita se tratase, sí que nos sorprendió, bastante de hecho. ¡Qué país!
Y de momento ha sido todo en esta India 2011 de 23 días. Tiempo de aventuras, de elefantes y camellos, de desiertos y montañas, de ciudades mágicas y sofocantes calores. Atrás quedan las malditas cruces gamadas para Europa y en cambio, signos de buenos augurio en Oriente; la altísima humedad; las samosas, pakoras, chais, masalas, koftas y picantes variopintos; las arquitecturas imposibles, las vidas sorprendentes, los desiertos de sonidos y los templos religiosos, los autobuses hasta la bandera, los turbantes con significado y las películas de collejas.
Sin duda, ha sido un gran viaje. Un destino difícil, pero muy muy recomendable. Distinto a nuestro mundo casi en su totalidad pero necesario conocerlo para aprender un poco más de la vida y el mundo en que nos ha tocado estar.
Gracias por seguirnos, seguiremos publicando fotos y ojalá que sigamos vivos por aquí. Será buena señal. Será que seguimos en ruta






















